ROCIO
Entre las flores, bien entrada la mañana, despierta una gota de agua que limpia el corazón de los árboles, refresca la tierra y alimenta su entorno. No fue la casualidad la que te dio tu nombre, pues como ese despertar eres tu, Rocío. Tú le hablas a las almas, les das aliento, les das brío. Con silencios, con verdades, con sentido. Eres ese espacio donde no existe el vacío, y ennobleces con tu encanto esos días cuando hace frío. Eres el abrazo que consuela, la voz que te despierta, el pilar que, sin hablar mucho, le da vida a este mundo sin sentido. Tu belleza es tu carácter, tus ojos marrones, tu humor cínico. Al que llora lo acompañas, le das rumbo al perdido. Y si alguien corre peligro, te pones delante y luchas contra todos sus enemigos. ¿Cómo no quererte? ¿Cómo no admirarte? ¿Cómo no querer ser tu amigo? Eres norte. Eres la voz que susurra al oído: Lucha, sé valiente, no te rindas, no estás solo, yo estoy contigo. Y quiero agradecerte de la única forma en que sé hacerl...